El reloj marcaba las tres de la tarde, Tonatiuh brillaba furioso en el cielo, el calor agobiante tenía de mal humor a la familia Chan, dentro del viejo automóvil el aire acondicionado no funcionaba, se sentían como en una mala experiencia dentro de un sauna que huele a perro sudando. En el estereo de la carcacha y debido a la mala recepción de la señal de radio, sonaba intermitentemente la canción "Te llore un río" de la banda mexicana "Mana." Afuera solo podía verse el camino empedrado, tierra, hierbas silvestres, insectos y muchos pájaros negros, pero ningún alma humana a la vista. La señora Ximena, era una mujer alta, conocida como una persona que nunca se quedaba callada si algo le molestaba, la nariz le había crecido, según ella, a causa de su última dieta que la dejo tan flaca como para volver a usar sus pantalones cortos de juventud, era ocho años menor que su esposo pero con más arrugas en la cara que el. Sentada en el lugar del copiloto, usaba su viejo abanico de mano mientras cuestionaba cada decisión de su esposo, el señor Gustavo Chan. Un hombre sencillo de clase media, de cuarenta y nueve años, usaba lentes cuadrados de armazón grueso, la cara mostraba vergüenza permanente como es normal en quien está tan endeudado que debe hasta el alma, hombre de pocas palabras y pocas ambiciones, cualquiera que lo conociera bien, diría que Gustavo Chan solo puede poner atención a una ambición a la vez, la más reciente, era su obesa pero sexy secretaria, justamente durante todo el camino, en ella concentraba sus pensamientos, procurando con todas sus fuerzas ignorar la voz de su esposa.
-¿Porque tomaste este camino animal?
¿No ves que está lleno de piedras? - regaño la esposa.
Las piedras iban golpeando el carro desde hace varios minutos y ya se había vuelto insoportable. En el asiento trasero del vehículo se encontraba Guadalupe, Lupita para los cuates, la joven de 18 años, con exceso de maquillaje y con carácter entre pedante e indiferente como de señora cajera de una tienda Oxxo, iba maldiciendo por lo bajo al descubrir que su celular no tenía señal y por sentirse arrastrada al viaje familiar, incluso el pobre Xico, el perro doberman de la familia estaba harto del calor y del viaje, un enorme ejemplar color negro, con la oreja derecha cortada por la mitad, tenía la lengua de fuera y se esforzaba en sacar la cabeza por la ventana, iba sentado sobre las piernas de su pequeña dueña. La única que parecía soportar el viaje, Xochi de 12 años de edad, baja estatura, cara angelical y el cabello, negro, como toda la familia Chan. sentada junto a su hermana en el asiento trasero del viejo y oxidado Tsuru 2005 color negro con franjas blancas de carreras, todo valdría la pena al llegar al cenote que se encuentra en los terrenos que habían sido de la abuela, donde podrían refrescarse, jugar y nadar, ella podía recordar en su tierna infancia los momentos felices cuando eran una familia unida, pasaban las vacaciones al aire libre, visitando a la abuela y a las tías, bebiendo aguas frescas y jugando con los animales del campo. Todo era diferente ahora, pareciera que sus padres yo no sé podían ver ni en pintura, la abuela había muerto y el rancho de 21 hectáreas había quedado en manos la hermana mayor de Gustavo, Gladys Chan, quién no tenía interés en cultivar las tierras por lo que habían caído en el olvido y descuido. Era la primera vez en varios años que volvían hacer esta excursión. En su interior la chica anhelaba que este viaje trajera a la familia ese viejo sentimiento de aquellos momentos que no se olvidan, momentos, que como la miel mantiene pegadas a las moscas para siempre en una dulce trampa mortal.
La música se detuvo abruptamente, la radio ya no captaba ninguna señal, el señor Chan detuvo el vehículo pues el camino había desaparecido bajo ramas muertas y maleza, a pocos metros de ellos solo se veía el inicio de un ambiente selvático.
-Te dije que este no era el camino. - Gruñó la señora Ximena.
-Recuerdo bien cual era camino mujer. - respondió el marido arrastrando las palabras
-Gus, eres un imbécil, nos trajiste en medio de la nada.
Toda la familia bajo de automóvil, necesitaban estirar las piernas y estar un poco lejos unos de otros. Xico el perro fue el primero en salir corriendo. Le siguió Lupita, desgraciadamente para ella, por mas alto que levantará el celular, no logro encontrar señal telefónica. El señor Chan levanto la tapa del vehículo para ver el motor.
- Un poco más y le daba en la torre, será mejor que dejemos descansar el carro antes de seguir. Se dijo para si mismo.
La pequeña Xochi se dedicó a explorar los alrededores al punto que empezaba a caminar entre los árboles jóvenes y delgados hasta que la señora Ximena ya no puedo verla.
-No te alejes mucho chaparra - le gritó su madre.
En el suelo Xochi observo mariposas muertas y hierba alta.
- ¡Mamá! -Gritó la niña, sus padres y su hermana corrieron rápido hacia donde estaba ella, se metieron entre la maleza y al llegar hasta la niña vieron a Xochi quitando unas ramas de la entrada de una cueva.
-¡Si es, si es el cenote mamá!, hace 7 años que no venimos, la hierba y y arbustos ocultaron la entrada.
La señora Ximena no estaba tan convencida, pero al ver la cara de ilusión de su hija decidió que esté viaje familiar debía salir como fue planeado. Solo tenían que limpiar un poco la entrada, comer algo y dejar que su hija menor tuviera una tarde feliz, que disfrutará de su último año siendo una niña, antes de darle la más reciente mala noticia. Xochi y su padre se dedicaron a limpiar, improvisaron unas escobas con unas ramas, quitaron maleza y barrieron las hojas secas, incluso el señor Chan arranco algunos hierbajos de la entrada. Padre e hija satisfechos con su labor se asomaron juntos a la entrada de la cueva, hermosa y mística sensación se dibujo en sus rostros con una sonrisa en sus labios.
- Vamos familia, bajemos al cenote que para eso vinimos- dijo el señor Gustavo.
Pero Guadalupe rezongo disgustada pues ella prefería quedarse junto al carro esperando que regrese la señal a su teléfono, está procedió a caminar alrededor del carro despacio con cara de angustia y procurando levantar el celular sobre su cabeza lo más alto que pudo.
Mientras tanto la señora Ximena abrió la cajuela del vehículo, se dispuso a sacar la canasta donde tenía guardados los sandwiches y la ensalada cuidadosamente dispuestos en varios contenedores de plástico de distintos tamaños, estaba distraída con sus asuntos cuando escuchó un gritó no muy lejos de ella, era Lupita que con desagrado miraba un gran pájaro zanate que cayó muerto a sus pies. De plumas negras, apestoso y con el buche inflado por los parásitos. Sin dar tiempo a nada, el doberman de la oreja cortada se apresuró a morderlo con el hocico, desparramando las lombrices con cada sacudida. El perro daba vueltas y vueltas alrededor de Maria que gritaba asqueada. Maria trato de escapar pero Xico la persiguió al rededor del coche
-¡Gustavo haz algo con este pinche perro! -
Gritó alarmada la señora Ximena con los Tupperware en las manos y casi trepada a la cajuela del Tsuru negro.
-Entren todas a la cueva del cenote, en un momento entramos Xico y Yo. Respondió el.
Todas las mujeres bajaron por las empinadas escaleras de la cueva, hacia mucho tiempo ya, que una gruesa cuerda fue colocada en la entrada de la cueva y está servía como barandal para la escalera de piedra, todas se agarrón fuerte de ella, una vez que lograron bajar, las tres recordaron porque valía la pena el viaje y el difícil descenso. La vista era encantadora, en contraste con la oscura entrada de la escalera, el techo de la cueva tenía una gran entrada de luz por lo cual el cenote se encontraba iluminado con cálidos rayos de luz del furioso sol del verano, sin embargo, dentro de la cueva el ambiente era fresco y agradable. De la circular abertura en el centro del techo, crecían largas lianas verdes con hojas y flores que colgaban como cortinas desde el techo hasta el agua. Xico y el señor Chan llegaron a la planta baja, Xochi abrazo a su padre quien sacó unos flotadores de la mochila que cargaba en la espalda y los coloco en ambos brazos de su hija menor.
Porque tardaste tanto?
-nosé -responde Gustavo.
-Tu nunca sabes nada - replicó con disgusto Ximena.
Xochi estaba lista para nadar. Se metió al agua y disfruto por varios minutos del agua fresca y cristalina, su madre y su hermana hicieron lo mismo, bromearon y jugaron como en los viejos tiempos, aquellos que la pequeña niña añoraba. Una tortuga se paseo nadando cerca de Xochi, lo que llamo la atención del doberman que también salto al agua. La pequeña Xochitl se sentía muy feliz.
Mientras las tres nadaban, Gustavo puso el mantel en el piso de rocas y sobre el acomodo la comida. Sacó 3 linternas de la mochila que traia en la espalda. Se sentía orgulloso de haber pensado en todo. Sin perder tiempo, de un gran tazón de plástico se sirvió un poco de ensalada sacó las galletas y empezó a comer.
- !Gustavo ven a nadar con nosotras! -ordenó Ximena.
- ¿No ves que estoy comiendo? Respondió don Gustavo.
- Siempre es lo mismo contigo. Puro tragar y tragar. No se para que viniste. - Dijo, enojada doña Ximena, salió del agua, busco una toalla, se cubrió con ella y acercándose a su marido continuo diciendo. - Por mi te puedes acabar toda la ensalada que nos dio tu hermana, ya vi que mis sandwiches ni los tocas. No vayan a estar envenenados ¿Verdad?
Venimos hasta aca para que pases tiempo con tus hijas. Pero ni eso puedes hacer.
Mientras Guadalupe seguía en el agua sintiéndose cada vez más incómodas con la discusión de sus padres, la traviesa Xochitl metía la mano en las agujeros de las rocas para jalar la cola a una iguana que se había escondido de la presencia los humanos.
Molesto el señor Chan respondió
- Tengo hambre mujer.
- ¿Y cuando no? Eres un pan sin sal, - continuo diciendo ella. -Yo solo espero que el trámite termine pronto, y no vuelva a verte.
-Deja de ser tan amargada mujer, vive y deja vivir por favor.
- ¡Miren lo que encontré!
Anuncio todavía en el agua una feliz Xochitl que sostenía una daga hecha de obsidiana, la niña levantando la mano, mostraba su descubrimiento, presumiblemente un artefacto muy antiguo usado por los mayas. Por desgracia sus padres, sumidos en su discusión no hicieron más que ignorarla.
- Tu haces que esté amargada, no te hagas al inocente, dijo Ximena tratando de contener el enojo, tal vez dejaré de serlo cuando no sea tú patético rostro lo primero que vea en las mañanas.
Un silbido de caracol resonó en la cueva produciendo un eco perturbador. Mientras se preguntaban de dónde había venido ese sonido,
Ximena, se sinente observada
Iguana
Terremoto
Sombra
Guadalupe está herida
Descubren que la entrada de la cueva fue bloqueada por rocas.
Perro ladra
Ojos del Idolo, se ve una cara saliendo de la pared de la cueva.
Ruido en la cueva
Pero ladra
Sombra
El padre se pierde en la cueva. Cuando lo encuentran el piso se hunde, se crea un pozo y ven al padre ahogarse
Xochi siente que la tocan.
Una sombra se mueve rápido y Xico la sigue al interior de la cueva.
Ha oscurecido
las tres empiezan a quitar piedras de la entrada.
Tiembla otra vez
El ídolo se ve como si saliera de la pared porque la pared se cae y poco a poco lo deja al descubierto
la escalera se cae, Ximena se quedan en el primer escalón de arriba, el resto de la escalera ha caído.
Guadalupe y Xochi cuelgan de la cuerda.
El ídolo empieza a hablar y pide el sacrificio de una virgen.
Guadalupe llega al primer escalón, mientras Ximena estira la mano para alcázar a su hija menor, Lupe está quitando una piedra que deja ver un agujero al exterior y cuando parece que Xochi va a llegar arriba con su madre y su hermana, la sombra de Unas manos salen del agua y la agarran, Xochi se suelta y cae al suelo lleno de rocas y queda medio inconciente se toca la cabeza y tiene sangre. Cuando su madre intenta bajar por la cuerda las oscuras manos vuelven a salir y arrastran a Xochi al fondo del cenote. Ximena y Guadalupe gritan y la cueva empieza a temblar.
En techo se cae, Una piedra golpea la cabeza de Ximena. Esta aturdida, su hija Lupita sale por el agujero y jala a su madre mientras el derrumbe hace un pozo en el suelo, se lleva tierra, piedras, animales como serpientes y árboles hasta sepultar el cenote.
Lupita se encontraba en la superficie, conmocionada y herida, sosteniendo a su madre. Cuando escucharon un ruido extraño que provenía del interior del bosque cercano. Era un sonido agudo y constante, era un zumbido de abejas africanas. Corrieron hacia el auto, pero de repente se dieron cuenta de que la puerta estaba cerrada y las ventanas subidas. Trataron de romper el vidrio, pero fue imposible. De repente, el zumbido se hizo más fuerte y una sombra oscura apareció detrás del auto. Las dos mujeres se dieron cuenta de que estaban rodeadas por el enjambre de abejas africanas, era una trampa mortal. Lupita pensó rápido y con una piedra puntiaguda rompió la ventana del conductor, abrió la puerta, subió inmediatamente pero descubrió con pesar que las llaves del carro no estaban, pues el señor Chan las tenía cuando desapareció. Salieron corriendo del lugar, con terror y la adrenalina hasta el cielo. Anduvieron largo camino hasta llegar a la carretera donde un conductor de camión de carga pesada las recogió. Cuando las autoridades de Yucatán fueron informados de la tragedia, policía y bomberos llegaron al lugar para investigar lo sucedido, no faltaron los reporteros de noticias y los investigadores de lo oculto.
Tras varios días de búsqueda, los equipos de rescate encontraron el cuerpo del señor Chan pero ni rastro de la pequeña Xochi. La noticia devastó a la familia, amigos y a la comunidad en general, quienes nunca olvidarían aquella fatídica expedición. Aunque se hizo un informe oficial, nadie pudo explicar el origen del terremoto, del derrumbe y de los extraños acontecimientos en la cueva. Desde ese día, nadie volvió a visitar el lugar y la leyenda de la figura oscura se hizo famosa en toda la región.
La gente local empezó a creer en la maldición del cenote y se mantuvieron alejados del lugar, que ahora era un monumento al horror y a la tragedia.
- Xann Kinn
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